miércoles, 27 de octubre de 2010

El ocaso del Porfiriato

Tres décadas de “paz, orden y progreso” porfiriano habían transformado al país.
Aparentemente México se encaminaba hacia la prosperidad, tenía un sólido desarrollo económico y una planta industrial en pleno crecimiento. A pesar de ello, la gran mayoría de la población se benefició poco del bienestar material y, por lo contrario, sufría las injusticias que provocaban la concentración del poder y la riqueza en unas cuantas manos.
En el campo, millones de campesinos vivían en condiciones deplorables, mientras cinco mil hacendados eran dueños de la mayor parte de las tierras cultivables del país. Políticos mexicanos y empresarios extranjeros llegaron  acaparar enormes extensiones en el norte del país a precios risibles y pasando por encima de los derechos de los pequeños propietarios. En Yucatán y Sonora, los grupos indígenas que se opusieron al despojo de sus tierras fueron reprimidos y trasladados a lugares inhóspitos. En las ciudades, los obreros tampoco gozaban de los beneficios del porfiriato: trabajan largas jornadas a cambio de salario insuficientes.  La clase media, compuesta por técnicos, maestros y abogados, gente con educación y aspiraciones políticas, se convirtió en la principal crítica del gobierno porfirista al ver que el poder y la riqueza se mantenían en manos de unos cuantos.
En cambio, a las élites del país, grandes empresarios, comerciales y latifundistas, les preocupaba la transmisión del poder presidencial. Don Porfirio estaba a punto de cumplir 80 años y no parecía decidirse a escoger un sucesor. Por otra parte, los norteamericanos favorecidos por Díaz reclamaban de su política cada vez más independiente y nacionalista, a tal grado que el presidente de estados unidos decidió entrevistarse con él. La cacareada paz estaba a punto de derrumbarse. Las expresiones de inconformidad comenzaron a brotar en algunas regiones del país; hubo huelgas en Cananea y Río Blanco, se crearon partidos políticos y periódicos de oposición.


Francisco Ignacio Madero (1873-1913)

Presidente de México, llamado, el Apóstol de la Democracia. Nació en Parras de la Fuente, Coahuila, y estudió en Estados Unidos y Francia. Además de administrar las propiedades familiares escribió La sucesión presidencial en 1910. Fundó el Partido Antireeleccionista y encabezó la oposición política contra Díaz en 1910. Reelecto éste, llamó a la revolución en el Plan de San Luis y huyó a Estados Unidos; desde allá organizó la lucha revolucionaria que dio a fin a la dictadura porfirista. Triunfó en las elecciones presidenciales de 1911, pero traicionado por Huerta fue obligado a renunciar en 1913. Murió asesinado junto con Pino Suárez días después de la Decena Trágica.



Porfirio Díaz (1830-1915)

Una vez más en la silla presidencial, Díaz formó un gobierno que alentó la administración y postergó la política. Consolidó la paz, dio prestigio internacional al país y lo enfiló hacia el progreso material y cultural, aunque no pudo resolver los grandes problemas de pobreza, desigualdad social e injusticia. En 1908 declaró que México ya estaba preparado para la democracia.
Sin embargo, dos años después volvió a reelegirse, lo que provocó el estallido revolucionario encabezado por Francisco I. Madero. En 1911 renunció a la presidencia después de treinta años en el poder.


José Vasconcelos (1882-1959)

Filósofo, político, educador y escritor oaxaqueño.
Se le ha llamado el maestro de América. Formó parte del Ateneo de la Juventud; en 1910 se afiló al maderismo y participó activamente en la revolución.
Como secretario de la Educación Pública y rector de la Universidad emprendió las más ambiciosas tareas de difusión educativa para los mexicanos; organizó la educación popular a través de campañas de alfabetización y ediciones masivas de los clásicos, creó bibliotecas y museos y promovió la pintura mural.
Fracasó en su intento por alcanzar la presidencia de la república en 1929. Y fue fundador de El Colegio Nacional.

          

José maría Pino Suarez (1869-1913)

Vicepresidente de la república. Nació en Tenosique, Tabasco. Se recibió de abogado y ejerció su profesión en Yucatán. Ahí dirigió el periódico El peninsular y se afiló al movimiento antirreeleccionista. En 1911 tras el triunfo de la revolución, fue gobernador de Yucatán. Dejo el cargo al ser elegido, por mayoría, vicepresidente de la república. Combinó esta función con la de secretario de Institución Pública y Bellas Artes.
Fue detenido por órdenes de Victoriano Huerta, obligado a renunciar, y asesinado junto con Madero a espaldas de la penitenciaría de Lecumberri.

apartir de estas publicaciones comienza el segundo parcial del blog !!